Salir con alguien cuando tu cerebro funciona distinto
En resumen
- Las primeras citas cuestan de una forma que la agenda nunca muestra: organizarlo, los mensajes, la velada en sí y el día siguiente son todo un mismo evento.
- Cuesta allí donde el formato estándar es ruidoso, sin estructura y largo, y rinde allí donde tú eliges las condiciones, sobre lo cual tienes más control del que los consejos suelen admitir.
- Casi todos los consejos sobre citas van de actuar mejor. Este va de comprobar si encaja, porque actuar mejor funciona y luego te cuesta la relación que te gana.
La mayoría de los consejos para las primeras etapas de una relación son entrenamiento para una audición. Sé interesante, mantente relajado, sostén la mirada, no hables del único tema del que en realidad sabes mucho. A veces funciona, y el problema es lo que pasa después: lo que sea que hiciste para superar las tres primeras citas es más o menos lo que te has comprometido a seguir haciendo.
Este es el otro enfoque. Elige condiciones en las que puedas ser tú mismo, di las cosas útiles pronto y con claridad, y gasta tu atención en si esta persona encaja en lugar de en si estás aprobando.
Calcula el costo real de una cita
Una cita de dos horas no es un evento de dos horas. Suma la organización, el trayecto con un desconocido esperando al otro extremo, las dos horas a un nivel de alerta que normalmente no sostienes, y luego lo que sea que cueste la mañana siguiente. Para mucha gente eso es un día entero de capacidad para un encuentro de dos horas. De ahí se desprenden tres cosas.
- Dos citas en una misma semana son algo distinto de dos en un mismo mes. Mira la semana, no la velada.
- No pongas nada que te importe para la mañana siguiente. No porque algo vaya a salir mal, sino porque ya lo has gastado.
- Los primeros encuentros cortos son mejores en todos los sentidos. Cuarenta y cinco minutos por la tarde te dicen casi lo mismo que una velada entera, y les dan a ambos una salida que nadie tiene que inventar.
Qué decir, y cuándo
El instinto es tratar cualquier cosa sobre cómo funcionas como una revelación: una conversación seria, agendada, con carrerilla. Eso hace que hechos prácticos y pequeños suenen a grandes confesiones, y la otra persona toma su señal de ti.
En cambio, di las cosas en el punto en el que son de carga, en una sola frase, como información.
- Al elegir a dónde ir: oigo mucho mejor a la gente en sitios tranquilos, así que preferiría que no fuera un bar.
- Cuando proponen algo vago: ¿puedes elegir tú? Se me da mucho mejor el sí o no que las preguntas abiertas.
- Cuando los planes cambian: necesito un poco de aviso para los cambios; no es problema, solo dímelo en cuanto lo sepas.
- Cuando te has quedado callado a mitad de conversación: sigo aquí, solo necesito un segundo para ponerlo en palabras.
Nada de eso requiere una etiqueta, y nada de eso es una petición de trato especial. Es el mismo tipo de afirmación que no como pescado, y dicho en ese registro casi siempre se recibe en ese registro.
Las conversaciones más pesadas —lo que necesitas a lo largo de meses en lugar de a lo largo de una velada— corresponden al momento en que decides si continuar, no al momento en que decides si tomarse un segundo café.
En qué fijarte sobre si encaja
Las señales útiles llegan pronto y no tienen nada que ver con lo bien que actuaste.
- Qué pasa cuando expresas una preferencia. ¿Se integra en el plan como información, o se trata como una dificultad que hay que discutir? Esto predice muchísimo.
- Quién hace la traducción. Si tú te estás reformulando constantemente y la otra persona nunca, el esfuerzo va en un solo sentido y seguirá yendo en un solo sentido.
- Cómo estás al día siguiente. Algunas personas no te cuestan nada y otras te cuestan todo el día siguiente, y eso no es lo mismo que cuánto te gustan.
- Si el silencio es cómodo. Un hueco que ninguno de los dos se apresura a llenar es una señal fuerte, y suele aparecer para el segundo encuentro.
Qué pueden cambiar la otra persona y el entorno
Encajar no es una propiedad tuya, así que al menos la mitad de los ajustes corresponden a otra parte.
Pídele a la otra persona que mande un plan concreto —lugar, hora, cuánto dura— en lugar de un ¿qué te apetece hacer? Decidir a partir de un campo abierto es caro; responder que sí o que no no lo es. De todos modos, a la mayoría de la gente le resulta más fácil mandar un plan.
Elige formatos que aporten estructura gratis. Cualquier cosa con un objeto de atención compartido —un paseo con un destino, una galería, un mercado, cocinar algo— lleva la conversación por sí sola, así que ninguno de los dos tiene que generarla de la nada. Sentarte frente a alguien al otro lado de una mesa, a oscuras, con música, es uno de los arreglos más difíciles posibles, y es el predeterminado solo por costumbre.
Los bares y los restaurantes están diseñados para el ambiente, no para oírse. Pedir un sitio tranquilo no es un sacrificio impuesto a la velada; es elegir condiciones en las que ambos podéis oír lo que se dice.
Cosas pequeñas para probar esta semana
- Haz que tu próximo primer encuentro dure cuarenta y cinco minutos, a la luz del día, en un sitio donde puedas oír.
- Manda un plan en lugar de una pregunta abierta, y observa cuánto más fácil se vuelve el intercambio para ambos.
- Di una cosa práctica sobre las condiciones antes de la cita en lugar de después. Observa qué hacen con eso.
Si salir con alguien te deja aplanado durante días de forma constante, eso es información sobre el formato, no sobre ti, y el formato es ajustable.
Escrito para Thought Club como orientación general, no como consejo médico. Libre para leer, imprimir y compartir.